Olivia Dean y la delicadeza del pop contemporáneo

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Laura Gispert · Music Supervisor

Es indiscutible que, a día de hoy, las mujeres dominan el panorama musical a nivel artístico. Si nos fijamos en los nombres que encabezan los carteles de las últimas ediciones de los Festivales más relevantes a nivel internacional, nos encontramos con nombres como Charlie XCX, Sabrina Carpenter, Dua Lipa, Rosalía… El empoderamiento de la mujer y, sobre todo, la aparición de nuevos referentes, hacen que la situación sea más favorable para artistas que años atrás lo habrían tenido muy difícil.

¿Quién es Olivia Dean?

Olivia Dean es una artista británica que ha conquistado al público de todo el mundo con su actitud, su estética y, por supuesto, su música. Con tan solo 26 años, se ha convertido en la reina de la Generación Z, y voz del pop actual con su último álbum The Art of Loving. Una voz nueva, inteligente, con sensibilidad soul y componentes R&B que dan como resultado un pop refinado, fancy, guay.

Ella representa un retorno (o rescate) al pop más sofisticado, íntimo, con influencias clásicas, de los 60 y 70. Más humano, diferente al pop sintético o ultra procesado, homogéneo e industrial que (hasta ahora) triunfa en las plataformas.

Olivia Dean
Olivia Dean

Buen gusto y mucho amor

Para escribir estas líneas me he documentado, sí. He preguntado a mi entorno qué piensan de Olivia Dean. Había dos respuestas posibles: 1) me encanta. 2) no la conozco. Y a quien no la conocía, se la he puesto un ratito. Tras la escucha todos los comentarios eran siempre un “qué bonito”, “qué agradable esta música”, “¿cómo dices que se llama?”. Así que queda claro que esta chica tiene algo que atrapa. Es un abrazo dulce y retro; original dentro de un panorama más bien homogéneo. Con todo lo pequeña que es, destaca por su vozarrón y buen gusto. Por su estilo vintage lleno de lazos y flecos y volantes. Por sus redondos graves y sus afilados agudos. Por sus letras románticas sin florituras, con las que toda una generación se siente identificada. Olivia Dean destaca por todo aquello que es, pero también por todo aquello a lo que se rodea. Las influencias musicales del soul de los 70 son clarísimas. En esa época la música era humana y feliz. Como entonces, con Olivia, su voz va acompañada de vientos metálicos y cuerdas graves que potencian la calidez de una buena canción. De entre el pop sintético de colores estridentes, renace un pop contemporáneo delicado, con orquestaciones sutiles y arreglos elegantes de colores pastel, que inconscientemente sacan una sonrisa a quien la escucha. Nace mi bautizado chic-pop, con ese punto nostálgico que consigue ser intergeneracional.

Una artista emergente con conciencia social

Sin duda, uno de los puntos más preocupantes del panorama musical es la barbaridad de precios que se manejan para las entradas a conciertos. Tras la pandemia, la música en directo no ha parado de crecer: buscamos experiencias que nos envuelvan y perduren para toda la vida. Pero tampoco ha parado de crecer la fiscalización por perderte algo; Ese FOMO (en inglés Fear Of Missing Out) cada vez que hay un evento especial cerca de ti. Y la industria se ha aprovechado de ello.

Vivimos con la ansiedad de perdernos ese concierto único e irrepetible y estamos dispuestos a pagar absolutas locuras para que eso no ocurra (si conseguimos sortear las colas virtuales, claro). Las empresas de ticketing funcionan por oferta y demanda, y los precios oscilan según la cantidad de gente interesada en dicho evento. Blanco y en botella, ¿no? Nadie quiere perderse nada, todo el mundo accede a la cola virtual, y los precios suben. Hecha la ley, hecha la trampa: hay gente que compra tantos tickets como sea posible y los revende para hacer negocio. Así que está claro: el mercado negro de entradas es un hecho.

Artistas y grupos siempre se han mostrado ajenos a esta problemática afirmando que les sabe fatal pero no pueden hacer nada en contra de estas prácticas. Pero Olivia Dean ha demostrado que esto no es cierto. Cuando los tickets de su tour por Norteamérica salieron a la venta, muchos acabaron revendidos a precios exorbitantes, muy por encima del valor original. Al enterarse, la británica denunció públicamente la reventa abusiva llamando “asquerosas” a las empresas de ticketing y exigió un trato justo para sus seguidores. Las plataformas —Ticketmaster, Livenation y AEG—, accedieron a poner límites a los precios de la reventa además de reembolsar a todos aquellos fans que habían pagado de más. Olivia Dean, una artista joven y relativamente emergente —su éxito es reciente—, tomó una postura ética y en defensa del público, logrando demostrar que, con convicción, se puede plantar cara a grandes corporaciones y redefinir las reglas del juego.

Lo que hizo Olivia sienta un precedente ya que empujó a las plataformas a reaccionar y puso en el foco el derecho del fan de acceder a la música sin especulación. Para el público de la artista, este hecho supuso transparencia y confianza, y gracias a ella, el mercado de reventa no ha conseguido arruinar una experiencia de música en vivo.

«The Art of Loving»

The Art of Loving es el segundo disco de estudio de Olivia Dean, culpable de catapultarla hasta bien arriba de esta montaña que es la música. Como bien indica su título, el álbum nos explica cómo va eso del amor y sus diferentes fases. Ella es una adolescente y nos cuenta sus primeras experiencias de una forma cercana. Es nuestra amiga, la estamos escuchando con una copa de vino blanco en el salón de su casa: «Olivia, ¡cuéntanos más!» Y nos lo cuenta. Es la mejor, y aunque le hayan hecho llorar un poquito, sus historias son dulces y valen la pena. Eso es escuchar The Art of Loving, donde temas como Man I Need, Nice to Each Other o So Easy (to Fall in Love) nos transportan a un musical inglés con mucha clase y pocas dudas sobre el poder del amor.

Aunque con su primer álbum, Messy, ya apuntaba maneras, con este último disco Olivia se ha consagrado como una pequeña diva a la que se le augura un camino muy (muy) largo. Las secciones de viento metálicas aportan el componente nostálgico y soul. Los teclados mantienen la elegancia acompañando a la voz principal, que en la mayoría de temas del disco cuenta con coros femeninos al más puro estilo años 60. Su propuesta entre la balada y el pop-soul se redondea con una producción muy “de casa”: cálida, cercana, casi como si la banda estuviera tocando a dos metros del sofá. Se nota ese sonido orgánico grabado en un estudio pequeño, donde la respiración de la voz queda intacta y los instrumentos no compiten.

A nivel musical, el disco es un pequeño laboratorio de géneros bien mezclados: pop con traje, soul con brillo vintage, un puntito jazzero y hasta algún toque de bossa nova que aparece cuando menos te lo esperas. El Rhodes y el Wurlitzer campan por ahí como si fueran los narradores silenciosos del álbum, y las percusiones —congas, bongos, palmaditas tímidas— aportan ese color que hace que todo fluya sin empalagar. Las cuerdas entran solo cuando toca, nada de dramatismo gratuito: aquí todo está pensado para que la emoción llegue limpia, directa, sin artificios. Lo bonito es que, bajo todo ese envoltorio suave, hay un trabajo técnico muy minucioso: mezclas que dejan la voz justo donde tiene que estar (en tu oído). Es un álbum que bebe de Motown, de los girl groups, de Carole King, de Lauryn Hill y de la escena soul londinense, pero sin caer en la copia nostálgica. Olivia agarra esos referentes y los usa solo para realzar el talento innato que tiene.

Presente y futuro de la música pop

La historia es pendular y las tendencias vuelven. Evidentemente nunca llueve a gusto de todos, pero cuando ocurren retornos como este, confío un poco más en el criterio de la humanidad. Este regreso a la sofisticación sonora y la honestidad emocional es un gran avance y nos cuenta muchas cosas de nuestra sociedad. La buena acogida entre un público mainstream nos demuestra que empezamos a volver a todo aquello menos inmediato y más orgánico. Sencilla y transparente, la propuesta de Olivia Dean nos invita a escuchar con el tiempo en la mano, a recuperar espacios para nosotros mismos y redescubrir lo analógico. Nos invita a parar y simplemente estar.

 

La música es como la moda: te puede gustar más o menos, pero lo que triunfa, es por algo. En este caso, una artista coherente y sincera, ha conseguido llegar a mujeres y hombres, jóvenes y no tan jóvenes, pequeñas salas y grandes festivales… Todo con un estilo propio que se basa en un cocktail de amor, bondad, nostalgia y cierta picardía, que en un mundo cada vez más hostil, consigue depositar en todos nosotros un trocito de ilusión.

Olivia Dean
Olivia Dean por Theo Batterham

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